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(via elpais)

“Se buscan grafiteros para el primer monumento a la libertad de expresión de Brunete. Un proyecto educativo de la Facultad de Bellas Artes para limpiar la imagen del grafitero”, rezaba el anuncio radiofónico. Los escogidos recibirían 300 euros por su trabajo, que, además, quedaría inmortalizado en la escultura. Con esta buena pinta ¿qué grafitero se resistiría a presentarse? La agencia McCann ideó la campaña puesta en marcha por el Ayuntamiento de Brunete. Se trataba de concienciar sobre el perjuicio que causa la práctica de esta expresión artística en lugares no indicados para ello.

Con esta artimaña, Brunete ha conseguido “cazar” y atraer a las dependencias municipales a varios grafiteros que adornaban muros y mobiliario urbano con firmas y otros dibujos no muy elaborados. Además del anuncio radiofónico, se distribuyeron carteles por bares y locales comerciales de la localidad de 10.000 habitantes.

Respondieron a la llamada 23 personas, de los que finalmente se acercaron al Ayuntamiento ocho, y de estos se seleccionó a cinco. “Los que realmente pintaban en las calles del pueblo”, aclaran fuentes municipales. Los grafiteros mostraron fotos de sus obras. “Sí, ese soy yo, quizá me han copiado pero yo soy el Kobo original”, comenta uno de ellos en el vídeo grabado por el Ayuntamiento.

La sorpresa llegó en el momento en el que se comunicó a los finalistas, que aquello de “limpiar la imagen del grafitero”, consistía en borrar, de forma literal, las pintadas que habían realizado. Las respuestas no fueron muy delicadas: “Ni de coña”, contestó uno de ellos a modo de despedida.

Al final se lo pensaron y embutidos en monos blancos emprendieron la tarea. Armados con una manguera de agua a presión para la piedra o brocha en mano, hicieron desaparecer los grafitis. Tampoco recibieron los 300 euros prometidos. “Es el precio de la multa por los grafitis que habían pintado”, explican desde el Ayuntamiento. La agencia de publicidad tampoco ha cobrado nada por la campaña.

La parte positiva es que han podido replicar los grafitis de las paredes en unos paneles fabricados al efecto con los que se ha levantado el monumento a la libertad del pueblo. Para el Ayuntamiento, lo más relevante de la campaña es “que ha permitido hacer pedagogía directa sobre quienes realizaron las pintadas en lugares inadecuados”. Hasta la fecha, las firmas de los cinco grafiteros no han vuelto a aparecer por el pueblo. Otra cuestión es acabar de forma definitiva con los grafitis en lugares inadecuados. “Esto todavía no lo hemos conseguido”, declaran las mismas fuentes municipales.

McCann puso en marcha el año pasado otro experimento de concienciación cívica en el mismo municipio, que tuvo un gran éxito. Se enviaban a domicilio los excrementos de los perros que los dueños “olvidaban” recoger en la calle. Raquel Martínez, directora creativa de la agencia, explica que todavía hay que esperar un tiempo para comprobar la eficacia de esta última campaña.